Historias, PARA SONREIR UN RATO

El amor en tiempos de Facebook

Cuando eres una soltera cuarentona con un gato, comienzas a preguntarte donde estará el amor de tu vida.  ¿Será que lo conoceré en algún asilo?, ¿Se habrá muerto antes de yo conocerlo?, ¿Se le habrá perdido el camino a mi vida? O simplemente a la vida se le olvidó asignarme uno. 

Definitivamente seré una “Crazy cat lady”

Este pensamiento ha corrido por mi mente, una y otra y otra y otra vez.  No sé en qué momento me insertaron el microchip en el cerebro donde dice que tengo que tener un amor de “la vida”.   Pero si nos ponemos a analizar cuantas parejas perfectas y amores perfectos vemos en Facebook diría que la realidad es alarmante.

Comienzas a comparar tu vida con las que ves de otras personas a través de su facebook o cualquier otra red social.  Empiezas a sentir que la vida no ha sido “justa” contigo.  ¿Cómo es posible que aquella “cara de mono” tenga marido? ¿Cómo es posible que ella haya encontrado el amor de su vida  y yo que soy tan “linda, cute y súper buena” me vaya terriblemente mal?

“Mira esta otra, Dios mío lleva un romance de novela, su marido le regala flores todos los fines de semana, la lleva de viaje a Grecia y constantemente le muestra su “amor” con “posts” bien románticos.  A mí que no me regalan ni un helecho y lo más que he recibido es un viaje en la lancha de Cataño que para colmo me toca pagarlo a mí. 

Sigo leyendo y leyendo miles de historias de “amores perfectos”  y yo en la eterna “espera”.  Saliendo de relación fallida en relación fallida y uno que otro desliz fallido también.  “Mi cupido debe ser bizco”, “la nube negra del amor no me suelta” o “quizás me echaron un fufú”.   Y así voy sintiendo día a día que el “amor apesta” y me convertiré en una “darks”.

Igualita que yo

Paréntesis para decirles que mi gato hace ESO MISMO.

Tan fuerte fue la “presión” de querer conseguir un “amor” que me inscribí en una aplicación que está llena de muchos “amores de la vida”,  no voy a decir el nombre porque después me buscan, (jajajaja) pero no es Badoo que conste.

Me tiré en la cama y empecé a crear mi profile, buscando las fotos de mis mejores ángulos, obviamente los selfies que me tiro desde arriba para verme menos gordita. Estuve como una hora escogiendo fotos y contestando las preguntas de la aplicación, es obvio que quiero dar una buena impresión.

Cuando por fin termino de crear mi profile, me pongo a ver mis “prospectos” y me di cuenta que a muchos hombres les importa un pito las fotos que suben, yo que pasé tanto trabajo escogiendo mis fotos, de momento veo todos estos perfiles con fotos de hombres en el inodoro, borrosas, dándose besitos con cabras, “mellaos”,  posando en calzoncillos en una cama (Sr. Prospecto, si usted no se ve como Jason Momoa, por favor no se tire fotos en puro calzoncillo feo y “estirao”).

Vale la pena mencionar que también vi muchos perfiles buenísimos con fotos espectaculares, entre ellos uno que me llamó mucho la atención, no porque el chico tuviera abdominales o se pareciera a Jason Momoa, (Si, tengo una obsesión por ese actor) sino porque me encantó su sonrisa y la manera en que sus fotos me hacían reír.

No voy a abundar en cómo nos conocimos (no sean curiosos), sólo les diré que somos amigos y entonces se preguntarán ¿Qué pasó? 

Por un momento sí pensé que la nube negra me había atacado otra vez, como es posible que de tantos que se interesaron en mí el que me gustó resulta que no tuvo “interés”.   Definitivamente tengo un “fufú”.    ¿Pero saben por qué me pasó eso? Por seguir buscando desesperada alguien con quien estar, querer sentir que alguien se enamoraba de mí.  Lo que la vida me tenía preparado aquí no se acercaba ni remotamente a lo que yo quería.  Pero ¿saben qué?  Me dio justamente lo que necesitaba. 

Me encontré conversando con una persona que me no me conoce en lo absoluto pero que de alguna manera me abrió los ojos para poder entender que el amor no es algo que tu buscas y que es algo que se puede dar de múltiple formas, no necesariamente de la forma que uno  quiere. 

Es aquí donde me doy  cuenta que mi vida no se puede comparar con ninguna otra, que los éxitos o fracasos son algo muy personal.  Se nos mete en la cabeza desde muy pequeñas que necesitamos otra persona para ser feliz, para ser completas y sentirnos realizadas.  Que tienes que andar por la vida buscando tu “media naranja” y en todo caso lo que muchas veces ha llegado a mi vida son limones.

Fue aquí que entendí que es imposible encontrar el “amor” cuando yo misma estaba perdida, cuando yo misma no me amaba, entonces fue que comencé el proceso de aprender a disfrutar la vida, (proceso en el cual estoy y continúo aprendiendo).  Fue cuando entendí que somos seres humanos completos y no necesitamos la mitad de nadie, entendí que no tengo que “buscar desesperadamente” el amor de mi vida porque el amor de mi vida SOY YO.

Cuanto menos busques, más encuentras.

Por: Yazmín Almodóvar Pagán (Ladyazy)